jueves, 4 de septiembre de 2014

Cine clásico (VIII): Luna nueva




Título original: Luna nueva
Año: 1940
Director: Howard Hawks 
Intérpretes: Cary Grant, Rosalind Russell y Ralph Bellamy



Dos de los protagonistas junto al director
en un momento del rodaje

Luna nueva surgió fruto de la casualidad. Howard Hawks había organizado una cena en su casa con varios amigos. En mitad de la velada, el ambiente se empezó a caldear mientras discutían sobre la importancia de los diálogos en las películas. El director era un acérrimo defensor de un buen diálogo, por encima de todos los artificios visuales que se les pudieran ocurrir. Para demostrarlo cogió el guión de Primera página, que casualmente corría por allí, y junto a una de sus invitadas empezaron a hacer una lectura/interpretación. Tanto gustó, que esa misma noche se decidió que se haría una nueva adaptación de esa historia. Para innovar un poco, Hawks decidió que uno de los papeles principales había que convertirlo en mujer. Y ya puestos a innovar, en esta película sería la primera vez que se presentarían planos y diálogos yuxtapuestos. El resultado fue una comedia muy ágil que giraba en torno a un triángulo amoroso ambientado en el mundo del periodismo. 
 
La protagonista de la historia es Hildi, una guapa, sofisticada e inteligente periodista que le comunica a su editor y ex marido que va a dejar su profesión para convertirse en la esposa de un tranquilo corredor de seguros. Su ex marido se muestra escéptico, pero cuando comprende que la cosa va en serio, hará todo lo que esté en su mano para no perder a su mejor periodista y si puede, recuperar a su esposa. Para ello, usará todos sus encantos y le ofrecerá cubrir una noticia tan tentadora que será imposible resistirse.
 
Estamos ante una comedia de enredo clásica, en la que hay un triángulo amoroso y en la que somos capaces de aventurar cómo va a acabar. Mucho lío, mucha confusión y malentendidos varios, especialmente para Hildi que deberá decidir si renuncia definitivamente a su profesión a cambio de una relación estable y rutinaria o si por el contrario, se dejará engatusar una vez más por su ex. La verdad es que no es una comedia donde lo más importante sea el amor, sino que el periodismo también se convierte en protagonista, cuando se nos presenta como una profesión estimulante, atractiva y adictiva hasta el punto de trastocarte tus planes. Aquí se recrea el periodismo de la vieja escuela: máquinas de escribir, gente pendiente del teléfono, hombres jugando a las cartas y fumando mientras esperan que surja la gran noticia; ese periodismo que obligaba a estar al pie del cañón, con gran camaradería con el resto de compañeros, pero con mucha competitividad y celo para ser el primero en tener la exclusiva. Una imagen muy romántica y fascinante sobre el periodismo.
 
El mayor éxito de esta película reside en lo bien escogido que estuvo el casting: Cary Grant, Rosalind Russell y Ralph Bellamy.
 
 
Cary Grant se mete en la piel de un editor frío, calculador y exigente. Gracias a su imponente físico dota al personaje de ese carisma, elegancia y temple que lo hacen tan atractivo y arrollador. El actor británico interpreta a un caradura, un cínico con mucho desparpajo y recursos. Acostumbrado a salirse siempre con la suya, no tiene escrúpulos y no entiende ni de ética ni de dinero. Sabe lo que quiere y lo coge sin pedir permiso.
 
A su partenaire y alma gemela le pone rostro la actriz Rosalind Russell. Cierto es que no había sido la primera opción del director, él se decantaba más por Carole Lombard o Ginger Rogers. Russell estaba tan resentida porque no hubieran pensado primero en ella, que decidió que no valía la pena arreglarse para la audición y se presentó a la prueba con todo el pelo chorreando y revuelto después de su sesión de natación. Esta osadía debió gustarle al director, porque consiguió el papel. Russell es una actriz muy guapa y supo darle la réplica a Cary Grant. Hay mucha química entre los dos y cada plano que comparten es una auténtica lucha. Es más diría que en esta película, Russell brilla por sí misma y consigue sobresalir entre sus dos compañeros. Su papel es el de una mujer independiente, sofisticada, elegante, atractiva e inteligente, pero con una gran debilidad, su gran pasión/obsesión por su trabajo.
 
Ralph Bellamy es el tercero en discordia. Su personaje es un hombre demasiado bueno, ingenuo, inocentón y sin picardía. Tanto que se dejaría engañar por cualquiera y aún lo disculparía por ser él tan despistado. Representa todos los valores contrarios a su "competidor": bondad, honestidad y paciencia, pero es demasiado anodino y gris, sin chispa y sin carisma. Representa la estabilidad y la seguridad, cualidades poco atractivas, en este caso.
 
La película se pasa volando y es que el director sólo necesitó 90 minutos para contarnos esta historia. ¿Y para qué más? Si una historia es buena, en hora y media se puede contar estupendamente. En esta ocasión, el buen guión y los grandes diálogos hacen mucho por ella. No tiene más, pero no le hace falta más.
 
Las conversaciones entre el personaje de Grant y de Russell son magníficas, especialmente recuerdo el tête à tête que mantienen al principio, mientras ella le presenta su renuncia. Es magnífica, nos permite de forma ágil y suspicaz ponernos en antecedentes de esta pareja, que mantiene una relación de amor-odio, y a su vez presentarnos cómo va a ser el futuro inminente.
 
 
Cuando aparecen los tres juntos, también tienen sus momentos, por ejemplo, la escena del restaurante. Allí, se pone en evidencia la complicidad y el parecido que existe entre los personajes de Grant y Russell, ya sea con gestos, actos o sabiendo lo que está pensando el otro al instante. ¿Realmente se va casar con el corredor de seguros cuándo son como la noche y el día?
 
 
Resumiendo: una buena historia, con gran guión y excelentes actores. Si os apetece pasar una tarde de estas próximas de otoño viendo una película entretenida y con la que podréis echaros unas risas, Luna nueva es mi sugerencia.


Sabías que…
 
- Es la adaptación de una obra de teatro y representa la segunda versión de cuatro de las que se han hecho a lo largo de los años. La primera, Un gran reportaje en 1931. En 1940, Luna nueva; en 1974, Primera plana con Jack Lemmon y Walter Matthau y la última, Interferencias en 1988 con Kathleen Turner, Burt Reynolds y Christopher Reeves.

- Katherine Hepburn rechazó interpretar el papel protagonista. Antes, actrices de la época como Carole Lombard, Ginger Rogers o Claudette Colbert hicieron lo mismo.

- La única música que se escucha en la película es al principio y en los dos minutos finales.

- Rosalind Russell creía que Cary Grant tenía los mejores diálogos por lo que decidió contratar a un escritor de anuncios para que le escribiera líneas de diálogo más inteligentes. El director estaba abierto a la espontaneidad por lo que muchas de estas ideas se aprovecharon para la película.

 





2 comentarios:

  1. Ésta la quiero ver. Es una de esas pelis que tengo apuntadas desde hace mil años y al final siempre la voy dejando para otra ocasión. Es que no soy muy fan de Cary Grant.
    Besos.

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    1. Cary Grant tampoco es santo de mi devoción, pero por Rosalind Russell ya merece la pena la peli. Un gran descubrimiento para mí :) Si te animas y la ves, ya me contarás qué te pareció.

      Besos!

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