domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Para qué sirve un bidé?

Lo miro y lo remiro. Lo vuelvo a mirar y sigo pensando en ello. ¿Para qué sirve un bidé? Toda la vida hemos tenido uno en casa y desde que me independicé en todos los pisos ha habido uno, pero usarlo lo que se dice usarlo, como que no lo he hecho. Eso sí, parece pieza indispensable para crear un baño completo. Para mí es un engorro, tengo que limpiarlo cuando no lo uso y ocupa espacio (espacio que podía destinar a otros menesteres como por ejemplo, colocar un cesto para la ropa sucia). ¿Entonces por qué la mayoría de hogares españoles incluye uno en su cuarto de baño?

Quizá sea por tradición. Dicen que lo inventaron los franceses en el siglo XVI y que se popularizó un siglo más tarde. Pero cosas más recientes han dejado de usarse y ¿por qué no tendría que desaparecer el bidé?
Tal vez se sigue incluyendo porque somos incapaces de concebir una taza de váter sin un bidé al lado. Que se nos hace raro, vaya. Para mí son como uña y carne, uno junto al otro, inseparables. Una especie de Quijote y Sancho Panza.

O quizá no nos lo quitamos de encima porque le hemos encontrado otros usos más prácticos que para los que inicialmente se creó. ¿Quién no se ha cortado alguna vez las uñas de los pies apoyando en él la pierna? Hay quien lo usa de revistero, algunos para dejar la ropa sucia, otros para lavar a sus mascotas y los más excéntricos, de cubitera.

Pero un uso más común es el de lavarse los pies allí, a pesar que se ideó para lavarse "las partes pudendas y el ano", tal y como lo define la RAE. En realidad, el bidé deberíamos usarlo para limpiarnos el culo tras evacuar en lugar de recurrir al socorrido papel higiénico. Sí, sí, lo inventaron para echarnos agua y limpiarnos en profundidad. Aún sigo sin creérmelo. En mi casa, se me transmitió que era para lavarnos antes de irnos a la cama si ese día no habíamos tenido tiempo de ducharnos o de poner una bañera. Y no, resulta que era para después de defecar. ¡Qué engañada estuve todo este tiempo!

Pero no tan engañada como cocodrilo Dundee, en aquella escena de la película en la que pensaba que un bidé servía para lavarse la espalda.



Y es que aunque para nosotros, un bidé sea lo más normal en un baño, hay países en los que ni siquiera saben que existe. Norteamérica es el mayor productor de este sanitario, pero en su país no se usa ni uno. Los británicos tampoco lo quieren ni ver, parece ser que el hecho que lo inventaran los franceses les da grima. En cambio, en Japón, Italia, Grecia y algunos países de Latinoamérica son auténticos forofos del bidé. Curioso.
Investigando por ahí he descubierto que hay todo un mundo acerca de este producto. Colores, materiales, formas y diseños. Aquí lo conocemos con el grifo sujeto a la pared, pero en Argentina, por ejemplo, el grifo está en el centro de la jofaina y el chorro de agua sale vertical. ¡Por Dios! ¡Qué estrés! Como si fuera una fuente del parque en tu propio baño...

Pero la gran pregunta que se hace todo el mundo y nadie se atreve a formular es: ¿en qué sentido hay que sentarse? ¿de cara al grifo o de espaldas a él?

Contadme, ¿sois partidarios de su erradicación del baño?, o por el contrario ¿tenéis algún uso particular que deberíamos conocer?




domingo, 14 de noviembre de 2010

La chica de rosa

 


 
Título original: Pretty in pink
Año: 1986
Director: Howard Deutch
Guionista: John Hughes
Intérpretes: Molly Ringwald (Andie Walsh), Jon Cryer (Duckie), Andrew McCarthy (Blane McDonnagh), Harry Dean Stanton (Jack Walsh), Annie Potts (Iona) y James Spader (Steff).
 
Hoy me apetecía sesión ochentera y por eso me he visto por enésima vez La chica de rosa. Vista hoy quizá no sea una gran película, pero para mí es una película mítica de mi juventud junto con Regreso al futuro y Todo en un día. Por eso os animo a que si no la habéis visto, le deis una oportunidad.

La chica de rosa es la típica historia de amor juvenil en un instituto. Andie es una chica inteligente, independiente, de carácter fuerte y muy segura de sí misma. No se deja pisotear ni influenciar por nadie, tiene las ideas claras y sigue su propio estilo, tanto es así que para solventar su precaria situación económica trabaja en una tienda de discos y se diseña su propia ropa. El problema es que está enamorada de Blane, un chico serio, guapo y sensible, pero rico. Ambos se sienten atraídos, pero la diferencia de clase social y sus círculos de amistades hacen bastante improbable que la relación pueda funcionar a menos que logren ignorar la opinión de los demás.

Quizá el personaje de Blane es el menos logrado de toda la película. En algunos momentos podemos llegar a odiarle por su falta de decisión y su indiferencia, parece que no le corre sangre por las venas, más cuando lo comparamos con otros de los personajes.  Lo que sí que es cierto es que los secundarios son de lo mejor de la película.

  • Duckie, el mejor amigo de Andie, es la estrella indiscutible. Es un chico extravagante, pero tierno y dulce que haría cualquier clase de sacrificio por su amiga de la que está perdidamente enamorado. Interpretado por Jon Cryer (visto recientemente en Dos hombres y medio) consigue que el espectador lo adore y se emocione con él, robando incluso planos a los dos protagonistas. Indispensable no dejar de ver el baile que se pega en la tienda de discos.
  • Iona, la jefa de Andie. Extravagante como Duckie, regenta una tienda de discos. Suele vestir de un modo que ahuyentaría a más de uno y sus peinados son de lo más pintoresco, pero también tiene un gran corazón y es una gran amiga.
  • Jack, el padre de Andie. Vive hundido desde que su mujer le abandonó, pero es un pozo de sabiduría y un gran consejero.
  • Steff, el mejor amigo de Blane. James Spader interpreta aquí a un chico rico y sin escrúpulos al que lo único que le preocupa es el dinero, conquistar mujeres y mantener su status quo. Egoísta y cruel, moverá los hilos en función de sus intereses.

Todos estos personajes salen de la mano de John Hugues, guionista de otros clásicos de Molly Ringwald como Dieciséis velasEl club de los cinco. También se le conoce por ser el autor de los libretos de Todo en un día, Sólo en casa o Beethoven. Todas ellas, películas que en su día fueron muy apreciadas.

No creo que pueda decir mucho más sobre ella, excepto que es una comedia-drama juvenil muy bien cimentada, que nos traslada a la mitad de la década de los 80 con lo que también puede llegar a tocar la fibra de los nostálgicos. Para mí, una película especial. ¿Os animáis a verla?



sábado, 6 de noviembre de 2010

Se escriben con b...

No me había sentido tan indignada y frustrada desde que se publicó que Plutón dejaba de ser considerado planeta. Resulta que gran parte de lo que conocemos y creemos a pies juntillas como verdad verdadera puede ser cambiado en función de un grupo de académicos. Como veis, la noticia de que la Real Academia planea cambiar algunas de las reglas ortográficas me ha perturbado bastante.

Aunque quizá no sea la persona que habla con más propiedad, me gusta el lenguaje y la corrección en la escritura. Creo que deberían existir unas normas y unas reglas básicas para escribir que deberían perdurar en el tiempo. Modificarlas por el simple hecho que  la comunidad de hablantes ha deteriorado el lenguaje, no me parece una razón válida e intentar unificar el español de España con el de Latinoamérica me parece una auténtica estupidez. Tranquilamente podemos considerar que aquí hablamos castellano y allí, español.  Considero que estamos preocupándonos demasiado por lo que hay fuera de nuestras fronteras y nos olvidamos de lo que pasa en nuestra casa. ¿Por qué adoptamos palabras en nuestro diccionario que se hablan fuera y no las que se generan en Andalucía? Pongamos un par de ejemplos:

La RAE recoge el término "papa" en su vertiente española y latinoamericana:
papa1.
(Del lat. papas, y este del gr. πάππας).

1. m. Sumo Pontífice romano, vicario de Cristo, sucesor de San Pedro en el gobierno universal de la Iglesia católica, de la cual es cabeza visible, y padre espiritual de todos los fieles.

2. m. infant. Voz para llamar al padre.

papa2.
(Del quechua papa).

1. f. patata (‖ planta solanácea).

2. f. patata (‖ tubérculo).

3. f. coloq. Arg. y Ur. tomate (roto en una prenda de punto).

4. f. coloq. Arg. y Ur. Cosa conveniente o fácil de hacer.

5. f. El Salv. dinero (moneda corriente).

6. f. coloq. Méx. mentira (expresión contraria a lo que se sabe).

7. f. coloq. Ur. Mujer hermosa.


En cambio, cuando buscamos "rebujito" o "gañafote", de uso más que común en Andalucía, no aparece ni rastro en el diccionario. Curioso. No estoy en contra de incorporar palabras procedentes de fuera y nuevas acepciones, es más me parece culturalmente enriquecedor. Pero lo que me indigna es que modifiquemos lo que ya existe por simple capricho o porque en Latinoamérica es mayoritario. Repasemos algunas de las nuevas propuestas de la RAE, que si no pasa nada, serán aprobadas a finales de mes.

  • La comúnmente conocida como "y griega" pasará a llamarse "ye". Consideran que como en España su uso mayoritario es como consonante no es necesario distinguirla de las demás consonantes a las que denominamos como "ce", "de" o "ge". Un intento de equipararnos con Latinoamérica, en donde, parece ser se refieren a ella como "ye". Y por supuesto, si ya no la llamaremos "y griega" no tiene ningún sentido que nos refiramos a la "i latina" como tal.
  • La ch y la ll expulsadas del alfabeto. Se las considera dígrafos (signos ortográficos de dos letras) y por lo tanto desaparecen del alfabeto que pasa a tener 27 letras.
  • Guión sin acento. Parece ser que la RAE aceptaba que acentuáramos algunos monosílabos si la persona en cuestión percibía que en la pronunciación de esa palabra se encontraba ante un hiato. Pero a partir de ahora se considerará una falta ortográfica. "Guion", "truhan", "riais" o "Sion" deberán escribirse sin acento. Y no os podéis imaginar cómo me duele a la vista.
  • Los determinantes demostrativos y los pronombres demostrativos (este, esta, ese, esa) y los adverbios y adjetivos que se escribían igual (solo) dejarán de llevar la tilde diacrítica. Piensan que con el contexto ya es fácilmente deducible su significado. 
  • La letra q como fonema /k/ también desaparece. Así Iraq, Qatar o quórum pasarán a escribirse Irak, Catar y cuorum. Aunque aquí dejan un comodín al público, si alguien insiste en escribirlo como siempre, deberá hacerlo en cursiva.
Estoy sumamente indignada ante estas propuestas que considero innecesarias. Creo que los académicos deberían preocuparse más por intentar inculcar las reglas que ya existen y procurar que la gente aprenda a escribir sin cometer faltas de ortografía bestiales. Cada vez que veo que alguien escribe "haber" en lugar de "a ver" o al revés, me pongo de los nervios. Dicen que la culpa que la juventud no sepa escribir correctamente se debe a los mensajes de texto. Yo no sé si debe a eso o que los jóvenes pasan de todo y que no les interesa leer que eso ayuda mucho a la hora de escribir. Pero lo que sí sé es que con estas nuevas propuestas lo único que van a conseguir es liar más a la gente y dudo que muchos de los que ya están fuera de la escuela se enteren de estos cambios.

¿Vosotros que opináis? ¿Os gustan las nuevas aportaciones de la RAE?

Os dejo con algunas faltas de ortografía. ¿Para reírnos un rato?

    
           


      

lunes, 1 de noviembre de 2010

'Desesperación' de Stephen King



Hoy es la festividad de Todos los Santos. Ayer en Estados Unidos fue la noche de Halloween. Anoche en medio mundo era la noche de los muertos, una noche para la reflexión y el recuerdo, pero también una noche en la que la gente aprovecha y organiza fiestas, prepara comida especial para la ocasión, se disfraza, hace pases de películas de terror y lee novelas de miedo. Y a los libros vamos.

Aprovechando la coyuntura del momento, había que leer algo que asustara y qué mejor que algo que había salido de la mano del maestro del terror. Así que le tocó el turno a Desesperación. Ciertamente, la contraportada invitaba a la lectura.
"En la interestatal 50, en el desértico y solitario tramo que atraviesa Nevada, un gato muerto ensartado en un cartel da la bienvenida al pequeño pueblo minero de Desesperación. Allí, un policía local poseído por un perverso ser se ha erigido en autoridad suprema y sanguinaria, y elige sus víctimas entre los escasos vehículos que circulan por la carretera."
En el primer tramo de la novela King desarrolla toda su maestría. Nos presenta al abanico de personajes que compondrán la novela (una familia al completo, un matrimonio, un viejo escritor a lomos de una Harley, su fiel trabajador y la autoestopista que recoge por el camino) y nos muestra cómo éstos irán cayendo como moscas en las redes del loco policía local. El próposito de toda novela de terror ya lo tenía. Mientras leía, me atenazaban múltiples sentimientos: angustia, miedo, malestar, asco, incertidumbre.. ¿Qué estaba pasando en esa carretera, en ese pueblo? ¿Qué le había pasado a ese policía? ¿Qué iba a ser de los pobres ilusos que se habían aventurado a cruzar el país por esa carretera?

Pero a medida que se profundiza en la novela, todo se va convirtiendo en un despropósito mayor y el atractivo que habíamos encontrado se pierde. El terror y angustia que había despertado en un principio en los lectores queda diluido a medida que avanza el libro. A pesar de las bajas que irán mermando al grupo, el lector deja de sufrir y pasarlo mal porque ya no existe la sensación de que un verdadero peligro acecha a los personajes. Quizá se deba a que el misterio queda desvelado demasiado pronto, pero lo cierto es que los personajes pierden su carisma, el autor cada vez se complica más la vida con subtramas y explicaciones en profundidad innecesarias. Doscientas páginas que se podía haber ahorrado tranquilamente.
El policía, que tanto prometía, cede todo su protagonismo a su antagonista, el pequeño David, el que, desde luego, no llega a despertar empatía alguna en el lector. La resolución y justificación de lo que ha sucedido en el pueblo de Desesperación no está a la altura de las expectativas generadas en las primeras doscientas páginas.

Seguramente ésta no será la mejor novela de Stephen King y con mi comentario seguro que no estoy animando a nadie a que le eche un vistazo. Entonces, ¿por qué leerla? Por su primera parte. Espectacular y magnífica. El autor logra que sintamos pánico a una situación de lo más corriente que seguro que a más de uno ya le provoca pavor de por sí, que te pare la policía cuando vas en coche. Pero, ¿qué pasaría si quién te para es un policía de casi dos metros con muy malas pulgas?